Doblado el esquinazo

Imagen del texto por: @el_averigua

Nunca pensé que sería tan complicado dar la vuelta a la esquina.
La vida esta llena de esquinazos, unos vienen rápidos, otros no los ves venir, hay otros que son una vía de escape, o que te escupen a un callejón tenebroso del que huyes al instante por el miedo, otros te llevan a una cuesta sinuosa que sube o baja en función de como enfrentes los pasos.

Este esquinazo yo sabía que vendría antes o después, pero ha sido rápido y fugaz y, de repente, la calle en la que estaba hace un segundo ha quedado atrás para siempre.
Ya si miro tras de mí solo veo cosas que no van a volver y que se que no debería mirar demasiado, si lo que quiero es seguir avanzando. Aunque no pierda la esperanza de encontrarlas algo más allá en mi camino.

Dejo unos años de aprendizaje total (para mí, eso lo dice todo sobre lo que dejo atrás), unos años de entender, de primera mano, qué es ser muchas de las cosas que quiero ser: profesor, compañero, acompañante, amigo. Dejo gente maravillosa (mucha, ¡y de muchas edades!) , y se que lo son porque me da pena no seguir descubriéndolas poco a poco, y día a día, como supongo estoy acostumbrado a hacerlo en mi vida: discreto, silente, a la escucha, como me gusta estar para estar a gusto. Y me sentí aceptado así, con mis rarezas, y me enseñaron desde el principio de la calle (justo después del anterior equinazo), todos ellos, una vez más, que cuando no estás seguro de qué hacer, de cómo hacerlo o de cómo comportarte, siempre puedes probar a mostrarte tal y como te apetezca, aunque te sientas extraño al hacerlo, porque es la única forma de no ser infiel a lo que emanas, y de ser consistente con lo que haces.


Echaré de menos muchas cosas, me da mucha pena dejar atrás, tras esta esquina que acabo de cruzar, tanta gente a la que me gustaría seguir conociendo, que me han servido y me servirán para siempre de referente para actuar, para hacer, para ser. Pero el dolor de dejar algo valioso atrás es en realidad maravilloso, es la señal que me indica que lo que he vivido ha merecido la pena, que todas las esquinas que doblé anteriormente, me llevaron a vivir.

Ahora miro hacia delante y no sé cuántas esquinas me quedan aún por doblar. Sólo espero que el tiempo, en un valeroso festín de consciencias, como la que existe mientras escribo, me permita recordar por cada esquina, un recorrido tan satisfactorio como este, y unos acompañantes, entre esquina y esquina, tan valiosos como los que la fortuna y la vida han tenido a bien de otorgarme. La vida da regalos que la propia vida no sabe asimilar. Y es una suerte como otra cualquiera ser consciente de su incapacidad, porque te hace consciente de los regalos que recibes y que nadie te ha dicho que lo son. Así es la vida, pura vida. Así que a vivir, que son dos sílabas.

Aprender a jugar para aprender a vivir

Siempre me ha resultado útil, a lo largo de mis días, plantearme la vida como si fuera un juego.

Le aporta una perspectiva de aventura muy interesante:
le resta importancia a las cosas insignificantes y a nuestros errores.

Eso, pensaba yo que era extrapolable a los demás, que también les podía ser útil.
Pero después de que esa idea revoloteara durante tiempo por mi cabeza, he terminado pensando que quizá, como casi siempre, no sea todo tan fácil.

Quizá la perspectiva de juego que le otorgo a la vida,
no me beneficie por ser una buena manera de entender la vida,
sino por mi manera particular de ver el juego.

De niño, como todos los demás niños, yo jugaba para divertirme.
Los niños a cierta edad sólo juegan, si se aburren es porque no están jugando.
Pero la mayoría de los niños, al hacerse mayores, les pasa dos cosas:

La primera es que ya no juegan pensando en divertirse, juegan pensando en ganar.
La adolescencia es ese periodo de la vida en el que es más importante sentirte ganador que haber ganado realmente, y por desgracia la mayoría de las veces la victoria y la diversión no siempre tienen que venir de la mano (me refiero a la verdadera diversión, el verdadero sentir de que estás disfrutando el momento, o el recuerdo de que lo has disfrutado. Es curioso como la diversión y la reflexión, casi la consciencia de las cosas, son a veces tan incompatibles).

La segunda cosa que ocurre, es que la idea de jugar está más relacionada con el niño que
quieres dejar de ser que con el adulto al que aspiras, así que en el peor de los casos (y no son pocos), la gente sencillamente se olvida, de una manera terrible, de jugar.

Me parecen dos errores clamorosos. No sirve de nada ganar si no te diviertes, sin embargo merece la pena perder si te has divertido. Al mismo tiempo no tiene sentido dejar de jugar, cuando es algo que te hace disfrutar plenamente de lo que estás haciendo, sentirte vivo.

Volviendo a mi idea de juego para la vida. Yo pensaba que interpretar la vida como un juego ya era beneficiarse y salir delante de una forma positiva. Sin embargo, como tantas veces, eso no es real si no se ha trabajado, desde el origen, desde la niñez, y más aún desde la adolescencia, la idea de juego lo suficientemente bien. Por eso es tan importante jugar de niños, y seguir jugando de mayores. Para aprender a jugar, y quien sabe si, en algún momento del camino, al echar la vista de atrás hacia delante y ver la vida como un juego, nos servirá también para aprender a vivir, disfrutando incluso cuando perdemos, o lo que es lo mismo, ganando siempre.

Vive Enteramente

Sucede que me canso de ser hombre
Sucede que me canso de mi piel y de mi cara
Sucede que se me ha alegrado el día
al ver al sol, secándose en la ventana, tus bragas.

He escuchado estas frases desde hace años, y nunca había reparado en su certeza para describir la gran dualidad:

A un lado lo profundo,la filosofía, las preguntas y las dudas,

la insatisfacción inherente al ser humano,

Al otro su incansable sed de salvación -¿y al mismo tiempo su condena?-:

lo superficial.

Lo profundo, llegar a lo esencial, a lo importante hasta el extremo, a lo definitivo. Llegar hasta a cansarse de ser uno mismo. 

Lo superficial, los simple, alegrarse por ver unas bragas en la ventana. 

Si te quedas encallado en lo profundo te ahogarás de sobriedad, vivirás una angustia innecesaria.

Si escapas siempre hacia lo superfluo, entras en un bucle de escapatoria que en el que huyes al mismo tiempo de lo profundo y de vivir en profundidad – huyes de tí mismo, al fin y al cabo.

Supongo que en cada momento de la historia, cada persona o sus circunstancias y la sociedad como bloque, te invitan a decantarte por un lado del verso. Creo que ahora, a mi y a la gente con la que convivo y con la que formo la sociedad en la que estamos, se nos induce, o nos inducimos, a decantarnos por el lado superfluo. Las bragas en el verso simbolizan todas aquellas cosas banales que nos alivian del estrés, de la angustia o de la ansiedad del momento, rebajando la profundidad de la escena y proporcionándonos una vía de escape en nuestro dia. Cada uno tiene sus “bragas”: algunas series, los memes de twitter, los cotilleos del trabajo, los chistes por whatsapp, a veces alguna música, siempre (me arriesgo) entrar en redes sociales… Y creo que viviendo en un entramado superfluo, que tanto nos invita a huir hacia la superficie y quedarnos allí en un bucle eterno que nunca retorne a las profundidades, mantener de vez en cuando una conversación conmigo mismo, como ésta, y lanzarla al mundo por las redes, como este blog, quizá sea una buena manera de devolver al verso un equilibrio del que carece.

Porque huir siempre, siempre es mala idea. Porque no siempre hay un peligro del que huir, y no siempre lo profundo es angustiante ni pesado. Porque a veces lo angustiante es mantenerte siempre en el lado superfluo de la vida, a la intemperie: sin hogar ni cobertura ni firmeza.

A veces lo profundo asusta. Ya lo dijo Neruda en su poema, el que da origen al verso de la canción con el que empieza este texto, en el cual unos versos rezan:

"No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, 
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena. "

Claro que no, Neruda. Si vivieras en mi presente y yo en el tuyo, te diría, sin ánimo de ofenderte, que viéndolo así yo también me canso de ser hombre. Pero no por huir de la tormenta deja de llover. No huyas, Neruda. Escapa de tus males para afrontar tus problemas, tus dudas, tus asuntos profundos, con la fuerza renovada del descanso y con la profundidad necesaria para llegar a la raíz. 

Porque cuanto más profundo llegas al vivir, más profundas llegan tus raíces, y más alto puedes llegar al cielo sin que el peso te venza y caigas derrotado por el desequilibrio de tu impulso hacia la vida. No desistas, Neruda, vive. Hacia lo profundo y hacia el cielo, pero al mismo tiempo y sin huir de lo uno ni de lo otro. Vivir enteramente es estirarse hacia arriba y hacia abajo de manera simultanea. Vive enteramente, Neruda. Vive enteramente.

La vida es verdad todavía

La vida es cierta. Es espesa. Es verdad.

La vida esputa, exprime, experimenta contigo.

Te empuja, te sostiene, te oprime;

Te estruja, te obtiene, te impone.

La vida vive, impresiona, aterra.

La vida muere, pasa, obsesiona.

Te quiere, te suelta, te aferra;

Te odia, te insiste, te olvida.

La vida es por ti, eres por ella.

Eres de por vida, ella será mientras tú seas.

La vida es por ti, eres por ella.

La vida es certera, es pesada, es verdad.

La vida es puta, exprime, experimenta contigo.

Te empuja, te mueve,

                te deja, te aterra,

                               te obsesiona, te obliga,

Te mata, te revive,

                te insiste, te pasa,

                               te impresiona, te suelta.

La vida es cierta, y eso pesa.

La vida es por ti, tú por ella.

La vida es verdad todavía.

                              Y tú con ella.

Tan burdos, tan elementales.

Fragmento del vídeo «¿Por qué no nos cuentan estas cosas en el colegio?» (Antonio Escohotado en su canal de Youtube)

Nacemos siendo nada. Un sujeto inacabado que no sabe sostener la cabeza sobre sus hombros. Y desde ese mismo momento empezamos a aprender todo lo que sabremos.

Porque la vida es aprendizaje: Se empieza a vivir desde que se empieza a aprender; se empieza a aprender desde que se empieza a vivir. La vida es pura exigencia.

Pero a la vez, somos libres para buscar o no el aprendizaje, que vendrá tanto si es querido como si no lo es. El ser humano no elige dónde encontrará su límite, que ya viene impuesto, pero sí elige donde quiere ver sus límites. Habiendo personas que dibujan líneas rojas alrededor para no salirse del sofá. De donde presumiblemente jamás llegarán a salir. 

Es importante saberse libre de encontrarse libre, de hacer lo que se debe cuando se debe, de ser responsable de lo que se es. Una libertad que no sea responsabilidad, es fraude.

Y así, mientras la historia te rodea tras de tí, y te dibuja mientras sigues, crees comprender poco a poco al menos parte de lo que existe. Y comprender es siempre maravilloso.

Conozcamos la historia de las cosas. Empezando por nuestra historia y la historia de la gente que nos rodea. Siguiendo por la historia de aquello que nos interesa, de aquello a lo que amamos. Porque la única manera de conocer es conocer históricamente.

Quizá conocer, entender, sea el antídoto ante la huida a la que estamos condenados en nuestra sociedad líquida. Quizá el conocimiento sea eso que nos hará libres realmente, evitándonos la huida hacia ninguna parte: montados en clicks impulsivos, vibraciones rutinarias, brindis apresurados o caladas efímeras. Quizá el conocimiento sea el antídoto contra la droga evasora de realidades, contra la pantalla evasora de realidades, contra la ignominia más burda. Quizá conociendo seamos capaces de vislumbrar la realidad, que es en realidad impresionante, atrayente, esclarecedora:

porque la realidad es infinitamente más densa que la más delirante de las fantasías.

Cada instante, al menos por un instante

Observa tu situación actual, tu momento, no concretamente ahora, sino estos días, estos meses, quizá estos años.

El momento por el que estás pasando ahora mismo, sea cual sea, parece siempre eterno. Parece que viniera de algún pasado que existió precisamente para que este presente se quedara para siempre, y que los acontecimientos futuros estuvieran predestinados a sucederse sobre este mismo arquetipo situacional.

Nada menos lejos de la realidad. Todo cambia, nada es. Esta situación, tus ocupaciones, la gente a tu alrededor, tus relaciones con ellos, tú, tu relación contigo, lo que haces, lo que sientes acerca de lo que haces, lo que sientes, lo que haces con lo que sientes… todo es dinámico, y cambia, y va cambiando mientras lees este texto. Nada será exactamente igual que en este preciso instante, ni es como lo fue hace veinte millones de instantes, ni lo ha sido como lo va a ser después. Y cada instante, por su facultad de único, se merece que lo vivas con la dignidad que se merece, con el respeto que se ha ganado o se va a ganar cuando no sea más que un recuerdo borroso y distorsionado que no hará más que engrandecer la realidad.

Te mereces – y tienes la obligación de hacerlo- aprovechar tu vida en cada instante de una vez por todas. Hazte consciente de que cada instante que vuela se va para no volver, cada segundo que pasa es un segundo invertido, y cada sol que desciende hacia el horizonte, es el recuerdo inquebrantable de que el sol volverá de nuevo para regalarte lo que pretendas, siempre y cuando lo pretendas. Pero que sin pretender hacer de cada instante una eternidad, cada instante sólo será humo que te abandona.
Deja que cada instante se suceda sobre otro sin tu presencia, y tu vida estará vacía.

Vive cada instante, y cada instante será parte de tu vida. Y tu vida será un inabarcable suceder de instantes verdaderamente vividos.

Vive cada instante. Vive. Ve.Y al volver habrás vivido. Y al vivir habrás dotado a cada instante de ti mismo. Y serás alguien, al menos por un instante.

PdC: Otros Planes – Carlos Madrid

Nos empeñamos en buscar voces divinas, que te hablen sólo a tí, que te hagan vislumbrar hacia donde estás encaminado. Buscando un plan que seguir, con el visto bueno del ser superior que todo lo sabe y que nunca te dejaría encaminarte con ahínco hacia un plan errático, ni erroneo.

Pero resulta que esa divinidad inescrutable te hizo libre: para no depender de su beneplácito para seguir, para alcanzar por ti mismo tus planes, y seguir tu camino con tu propio beneplácito, y sin la necesidad de buscar la aceptación de nadie más que de tu firmeza, tu decisión, tu razón, tu destreza, tu visión.

Siempre hay que sobrellevar las ráfagas del viento que traen los días inexplicables, y dejar al cielo sangrar de vez en cuando, para buscar en sus restos la realidad de lo que esconde: auténticos planes.

Tengo aquí dos canciones, de dos de mis favoritos, cuyas palabras se entremezclan para sostener esta idea mientras vive: mientras rezo, hasta que ría; porque (Él) siempre tiene otros planes.


«Planes, Auténticos Planes» – Fabian ( Después del Incendio y Otras Cosas Así , 2011)

Me despido dejando sobre una de ellas, «Otros Planes» de Carlos Madrid, un repaso de lo que dice, al tiempo que lo va diciendo:

0:22 -Nos empeñamos en pensar que algo está contra nosotros.

0:36 -Nos empeñamos en pensar que algo está con nosotros.

0:48 -Que somos el foco de algo. Alguien especial.

1:00 -Creyendo que la vida te sonríe, o que te persigue. Mientras unos ríen otros rezan. Tu también.

1:20 -Rezas. Pides. Pero nada se convierte en nada. Nada responde. Y entonces Ríes.

Quizá Él lo ha querido así. Si quieres verle donde no está, ahí estará.

2:50 -Todo sigue igual. Unos ríen. Otros rezan pidiendo clemencia.

3:15 -Rezas. Pides. Pero tus peticiones se consumen sin llegar a pronunciarse. Gritas. Nada. Ríes.

3:41 -Lo ha querido así.

4:00 -Siempre tiene otros Planes (para ti).

El amor siempre es más fuerte, pero el odio siempre es más fácil

Me apena ver cómo hay personas que tratan de avanzar, insistentemente, mientras permanecen atadas a una rémora impasible: a esas otras personas a las que han querido o quieren, pero con las que se niega a seguir avanzando.

Me apena ver cómo se piensa a veces que se puede seguir solo, “libre” de lazos que existieron en el pasado, dejando de lado a las personas con las que, lo quieras o no, te ata un vínculo eterno.

El amor no es quebrantable. El vínculo que te unía a quien quieres o has querido será eterno. Y no puedes cortarlo ni eliminarlo, porque el propio vínculo eres tú. Tu no existirías tal y como existes sin él. Eliminar el vínculo es suicidarte un poquito.

Me apena ver cómo la gente tiene más miedo a perdonar que a voltear la cara ante la gente a la que quiere y tratar de seguir avanzando sin conseguirlo. Sabiendo que no va conseguirlo, o sintiéndolo al menos.

Me apena ver cómo desde fuera nos siguen insistiendo en el valor de dejar de lado a los demás, como si perdonar fuese perder.

-Dejemos para otro momento la injustificada importancia que le damos a perder en tantos casos-

El amor siempre es más fuerte que el odio, pero el odio es siempre la opción más fácil.

Por eso es importante parar

de vez en cuando

a pensar lo que estamos haciendo

con la gente a la que queremos

o hemos querido algún día.

Y ser conscientes de que no se puede avanzar sin querer a la gente que quieres.

Que no se puede vivir odiando a la gente que quieres.

Que sólo se puede avanzar entendiendo lo suficiente a quién crees odiar,

para dejar de odiarle

y seguir queriéndole.

Y seguir avanzando por fin.

PdC: Robe – Nana Cruel

(PdC: Palabras de Canciones)

La casualidad ha querido que una canción, por un lado, y un libro, por el otro, apareciesen de improviso, cada una por su extremo, lanzándome un mismo mensaje, a través de la voz desesperada de alguien que ha sufrido el infortunio de la vileza de la que es capaz el ser humano.

El libro es «Misericordia» de Galdós, la canción es «Nana Cruel» de Robe (el de extremoduro). Dos extremos que se tocan en mí al aparecerse en un casual lapso de tiempo similar, para probablemente no volver a tocarse nunca más.

En el caso de «Misericordia», quien habla acaba de ser despreciada por la mujer de quien era «criada» mientras estaba en la ruina, quien durante años esperaba en casa durante todo el día mientras la otra buscaba un cuarto de peseta que las permitiera comer, viendose obligada a pedir en la calle la mayor parte del tiempo. La mujer que nos habla no tiene nada suyo y da incluso lo que no tiene. Pero un dia su»señora» se ve con una herencia, con dinero al fin, y la echa de casa apremiada por la gente de su entorno. Quien habla es la voz herida pero clemente de quien ha sido despreciada precisamente por quien más ha recibido de ella.


Andando, andando, hijo, se llega de una parte del mundo a otra, y si por un lado sacamos el provecho de tomar el aire y de ver cosas nuevas, por otro sacamos la certeza de que todo es lo mismo, y que las partes del mundo son, un suponer, como el mundo en junto; quiere decirse, que en donde quiera que vivan los hombres, o verbigracia, mujeres, habrá ingratitud, egoísmo, y unos que manden a los otros y les cojan la voluntad. Por lo que debemos hacer lo que nos manda la conciencia, y dejar que se peleen aquellos por un hueso, como los perros; los otros por un juguete, como los niños, o estos por mangonear, como los mayores, y no reñir con nadie, y tomar lo que Dios nos ponga delante, como los pájaros… Vámonos hacia el Hospital, y no te pongas triste.

«Misericordia», Benito Pérez Galdós, 1897.

Al otro lado tenemos una canción desesperada, con una cadencia similar: una rabia que no va dirigida a nadie en concreto, por que proviene de darse cuenta de la maldad de la que es capaz el ser humano.

En esta ocasión recomiendo escuchar, y seguir al tiempo mi lectura de lo que expresa.

0:22 – La desesperanza de alguien que siempre tuvo esperanza.
0:48 – Intenta descansar, trata de buscar algo bonito en todo esto que te asquea
1:30– Yo que creía firmemente en el amor. Ahora que no, la vida no tiene sentido.Yo que creía firmemente en el amor. He buscado salidas, desesperado, sin encontrarlas. Yo que creía firmemente en hacer del mundo un lugar mejor. Yo que creía firmemente en la humanidad, en el amor que nos une.
3:10 – Ese momento en el que la persona con más Fe en la humanidad, con más Fe, se desencanta, se cansa, se asquea, se rinde.
4:05– Yo que creía firmemente. Ahora ya no. Y busco sin encontrar.
4:15 – Huyo del mundo porque el mundo me duele.
4:30 – Porque hay gente que duele.
5:10 – Huye. Duerme. Descansa. El sol volverá de nuevo. Duerme.
5:30 – Pero si algo es la Fe, es esa fuerza que no sabes de dónde viene, y que te permite sentirte capaz de restaurarte, de renovarte, de esperanzarte, de reintentarlo, de no rendirte otra vez de la misma forma, de rendirte diferente, pero después de haberlo intentado de nuevo, creyendo un poquito al menos en la fuerza del amanecer, esperando amaneceres.
6:24 – Y con el amanecer quizá cambie el ritmo de las cosas . Y quizá regrese de nuevo algo de lo que se fue. Despertando de una noche oscura que se va yendo con cada apertura del día. Y aunque todo sigua igual, tú de alguna forma te ves con la capacidad de remontar poco a poco con cada sol que prometieron y así no reñir con nadie, y tomar lo que el Amanecer nos ponga por delante, y sanar sin necesidad de ponerse tan triste.

Ronda a veces una prisa…

Ronda a veces una prisa inexplicable
Que te arrulla y que te mece, con violencia
Mareando esas acciones intuitivas
Abrumando las acciones decisivas.

Ronda a veces una prisa irreverente
Que te mira frente a ti desafiante
Y tus ojos que la evitan velozmente
Rindiéndose a un ataque irremediable

Ronda a veces una prisa cegadora
Que te impide recaer en lo esencial
En lo importante de lo imprescindible
En lo imprescindible de lo más fácil.

Ronda a veces una prisa inexistente
que la mente te presenta por presión,
que el resto del cuerpo asume con sumisión,
y que solo se frena con la soberanía que se ejerce sobre uno mismo

Ronda a veces una prisa,
A veces un acelerar del tiempo que no es necesario,
Una intemperie en la voluntad, sin mala intención,
que nubla tus acciones y tus pensamientos,
Mientras tú invadido de la naturalidad de lo cotidiano,
te dejas llevar por ella,
Huyendo sin querer de lo más importante,
Extrañando la hora en que acabe la ronda,
El volteo de una prisa inexplicable,
Que expirará
con la firmeza de un abrazo
que la doblegue
con ternura
hasta la calma.