Un paso

Cuanto más ambicioso sea tu plan,
cuanto más exigente sea el destino,
cuanto más se alargue el recorrido y más incertidumbre envuelva el camino,
  más firme debe ser el siguiente paso.

Cuando más imposible parezca la victoria,
cuando más difícil parezca la jugada,
cuando más impedimentos se atisben en el horizonte,
  más sencillo ha de ser el siguiente paso.

Cuanto más se alargue la agonía de la espera,
cuanto más se acorte el tiempo, que nunca sobra,
cuanto más te abrume el irreductible infinito que te separa de la perfección,
  más decidido ha de ser el siguiente paso.

Porque, asumámoslo, las miradas al horizonte no te mueven hacia él,
y tú ya sabes dónde vas.
Y sí, el infinito es abrumador siempre que lo percibes,
pero, lo quieras o no, solo tienes dos manos.
Aunque también dos pies:
suficientes para permitirte avanzar un poco cada vez,
y acercarte mucho poco a poco.
  Un pie delante del otro. Sólo es eso.
No mires arriba, ya no,
ya solo importa el suelo en el que pesas,
y asegurarte de que pisas
firmemente, sencillamente, decidiamente,
y que no paras más que a tomar fuerzas:
  un pie,
    delante
      del otro;
        un pie
          delante
            del otro;
              un pie
                delante
                  del otro;
                    un pie
                      delante
                        del otro;
                          …



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