Causa o Efecto

¿Es un problema de madurez, o es un problema de responsabilidad?

Ocurre muchas veces que la causa y el efecto se confunden. Ocurre como en la película “Alta Fidelidad”, cuando el protagonista Rob Gordon rueda por sus pensamientos hasta preguntarse:

“¿escuchaba música pop porque estaba deprimido, o estaba deprimido por escuchar música pop?”

¿Cuál es el origen y cuál es el final? Como siempre, parece difícil encontrar el principio de un círculo sobre el que llevamos rodando mucho tiempo.

La pregunta que se hacía el protagonista de la película siempre me llamó la atención porque, ya por entonces, cuando la vi en plena adolescencia,  me parecía que explicaba muy bien cómo funcionamos piscológicamente, que explicaba de manera sencilla muchos de los problemas que ocurren a menudo en nuestra manera de pensar y de enfrentarnos a lo que nos pasa, la tristeza, las frustraciones. Más allá de la música pop. ¿Respondemos de tal modo porque estamos deprimidos, o estamos deprimidos por responder de tal modo? 

Y a lo largo de los años, cuando empecé a apasionarme por la educación y por todo lo que envuelve el crecimiento y el desarrollo de las personas desde que son pequeñas -hasta quién sabe cuándo-, me di cuenta de que esta pregunta no sólo servía para entender muchos problemas psicológicos, sino también para entender muchos problemas que encontramos en la educación, en eso que podríamos llamar el camino hacia la madurez o la adultez.  Y así, esa pregunta que en origen hablaba de música y depresión, evolucionó hasta hablar de miles de cosas diferentes, pero con la misma estructura y la misma duda: dónde está el origen del problema, y por tanto y sobre todo: dónde está la salida a este bucle. 

Por ejemplo, respecto a la responsabilidad. Motor, conductor y chasis del crecimiento personal, desde mi punto de vista. En la sociedad actual (cuidado, generalizando) es muy habitual que los jóvenes tengan una sola responsabilidad: Estudiar. Es decir, sólo se responsabilizan de sí mismos. Y a menudo ni siquiera de eso. Y yo me pregunto:

¿Los jóvenes no tienen responsabilidades porque no son lo suficientemente maduros o no son lo suficientemente maduros porque no tienen responsabilidades?

O sobre las etiquetas en colegios e institutos, tan horriblemente frecuentes. Se sostienen por estos círculos viciosos: ¿Me tratan como el malo porque soy el malo o soy el malo porque me tratan como el malo? ¿Me tratan como el torpe porque no me entero de nada, o no me entero de nada porque me tratan como si fuese torpe?… Sería infinito.

Otro ejemplo. Las normas y las reglas son necesarias de pequeños, porque estructuran el mundo del niño, le hacen entender conceptos como la consecuencia, que lo que hace afecta a también a los demás, o que sencillamente existen conceptos como el bien y el mal, y qué es lo uno y qué es lo otro. Pero, ¿de mayores? ¿Son igual de importantes esas normas y leyes? A veces me pregunto: ¿existen tantas leyes y castigos porque no somos capaces de diferenciar el bien del mal por nosotros mismos, o no somos capaces de diferenciar el bien del mal por nosotros mismos porque estamos rodeados de leyes y castigos que nos impiden descubrirlos?

En estos días se me ha planteado muchas veces la duda de por qué tanta gente en la sociedad española se comporta de manera tan inmadura. Cuando sabemos que es necesario seguir unas reglas de convivencia, higiene o distanciamiento por el bien de la salud propia y de los demás.  En España creo que todos hemos vista a gente buscando “resquicios legales” para saltarse el confinamiento: el paseo al perro,el ir a “comprar” todos los días e incluso varias veces aunque sea el pan o un brick de leche, etc. Y yo me pregunto dónde empieza la ley y dónde empieza la trampa y me parece que empiezan y acaban en el mismo sitio.

Creo que la respuesta está cercana a la pregunta que me hacía sobre la responsabilidad y la madurez de los jóvenes. Desde el principio sabíamos que todo lo que iba a pasar iba a ser una gran prueba de madurez para nuestra sociedad. Pero seguimos en las mismas: la madurez no se puede demostrar sin responsabilidad, y las leyes, las prohibiciones, las obligatoriedades, no permiten desarrollar la responsabilidad. 

Porque ante todo debería estar el sentido común, la decisión personal e intransferible de la acción responsable. 

Para ser libres debemos ser responsables, pero para ser responsables necesitamos libertad. 

Pero eso no existe, lo que hay son leyes que hay que cumplir, sean justas o no, y mientras cumplas la ley puedes hacer lo que quieras sin plantearte si está bien o mal, por que es legal. Y todo vale si es legal. Está mal salir a deshora, la ley no lo permite. Pero hasta hace poco estaba bien ir por la calle sin mascarilla gritando mientras expulsas saliva, porque era legal. 

He oído varias veces últimamente que necesitamos leyes restrictivas porque si no la gente se lo tomaría por el pito del sereno, sería una locura y el virus volvería a propagarse. Puede que tengan razón. Pero también creo que quitándonos a nosotros, los ciudadanos, la responsabilidad de elección, lo que consiguen es que nunca maduremos, nunca nos lleguemos a responsabilizar realmente de lo que hacemos, y sigamos siendo la sociedad irresponsable que no es capaz de tener libertad porque no sabríamos usarla. 

Como toda crisis, ésta debe servirnos para mejorar. Y es imprescindible que lleguemos a una reflexión, porque es realmente terrible: si nuestra libertad es peligrosa, tenemos un problema mucho más grave de lo que no imaginábamos.

2 comentarios sobre “Causa o Efecto

  1. Hemos dedicado mucho tiempo a aprender a ser obedientes y muy poco a ser responsables… En vez de preguntarnos por qué hacemos algo, nos preguntamos qué podemos hacer; ahora solo queda ver a dónde nos lleva todo esto y qué respuesta damos nosotros.

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  2. Me ha gustado tu artículo. Es verdad estamos metidos en un bucle que es difícil de salir. Aprendemos del acierto y el error. De caernos y levantarnos, de los comportamientos buenos y malos de los otros. De implicarnos mucho y de estar quietos y en silencio.
    Que dura es la vida pero qué bonita vivirla.
    Un abrazo amigo

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