Límites |

Educar a un niño sin crearle límites es como jugar al fútbol sin reglas, y esperar que sea divertido. Cuando esté el balón a 3km y nadie sepa ya a qué se está jugando será demasiado tarde para plantear ninguna regla de juego. En la vida pasa igual. Los límites (morales, legales, pactados o enseñados) nos ayudan a jugar a todos a lo mismo. A divertirnos cuando procede. A ganar de vez en cuando. A perder con justicia.

Los límites, en la vida, nos ayudan a vivir. De niños, de adolescentes, y después, de adultos. Nos ayudan a crear un marco de vida. A sentar las bases del juego. A que tengamos la ilusión de que tenemos cierto control sobre lo que sucede (¡bendita ilusión!). Los límites, al contrario de lo que pueda parecer, no nos limitan (ya nacemos limitados), sino que nos permiten desenvolvernos en una vida impredecible, ingobernable, incierta, sin perdernos en la realidad caótica e infinita sobre la que somos, sin que nos termine de arrasar la verdadera vorágine que es, en realidad, nuestra propia existencia.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s